TRABAJO TCI

 El cambio de milenio ha dejado muy en claro el protagonismo de la comunicación

y de la información en la transformación del paisaje social de la vida humana. Tanto los

avances de las tecnologías más modernas en estos campos, como los nuevos enfoques

teóricos de las prácticas sociales, es decir de las nuevas maneras de relacionarse con los otros

y con uno mismo, y las diferentes valoraciones de las formas simbólicas vehiculadas por los

media contemporáneos, han llevado a ‘pensar la sociedad a partir de la comunicación’ de

una manera diferente. Esas nuevas dinámicas han provocado un replanteamiento de

fondo sobre la naturaleza misma de la comunicación, desde diferentes perspectivas;

replanteamiento que vale la pena considerar en la perspectiva de una reconfiguración

epistemológica inter y trans disciplinaria de este campo del saber social.

El propósito de este texto es mostrar algunos referentes epistemológicos de la

comunicación, partiendo de una necesaria contextualización trans e interdisciplinaria desde las ciencias sociales, delinear luego la especificidad del saber comunicacional, enseguida, mostrar la pertinencia y relevancia social del campo comunicacional, para señalar finalmente, los indicadores más sobresalientes de los debates

actuales en torno de la comunicación.

CONTEXTUALIZACIÓN TRANS E INTERDISCIPLINARIA

DESDE LAS CIENCIAS SOCIALES

Aceptar que el campo de la comunicación forma parte del amplio conjunto

de ramas del saber sobre lo social y lo humano implica asumir una contextualización epistemológica y una reconfiguración del saber comunicacional acorde con

esas disciplinas. Por tal motivo, el trasfondo previo y natural sobre el cual se inscribe esta reflexión es el de un acercamiento básico a una epistemología general y

una reestructuración de las llamadas ciencias sociales o humanas. Consideramos

que sin la referencia a ese trasfondo resulta desenfocado y opaco el discurso sobre la

especificidad epistemológica y el quehacer propio de la comunicación.

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En la perspectiva de reestructuración de las ciencias sociales, Renato Ortiz

considera que se deben evitar dos actitudes: una, la de sacralizar conservadoramente los ‘clásicos’ como fundadores de un saber acabado; otra, imaginar que como los tiempos actuales son flexibles, y ‘todo ha cambiado’, exigir entonces una

ciencia social radicalmente distinta y incompatible con lo que se venía practicando

hasta ahora. Por eso, “hacer ciencias sociales, hoy como ayer, implica confrontar

una serie de problemas recurrentes, cuestiones que reaparecen sin cesar, como si no

pudieran resolverse definitivamente”. (ORTIZ, 1998, p. 157).

Desde ese punto de partida, hablar de epistemología de las ciencias sociales es

plantear la pregunta por ¿qué es lo que sucede cuando conocemos?, y ¿por qué eso

que sucede es propiamente conocimiento y no otra cosa? En otras palabras, ¿cuáles

son los procesos cognitivos que se privilegian en las ciencias sociales para la auto

apropiación crítica de los dinamismos de sentido generados en estas ciencias? Se

trata de estudiar la producción de conocimientos y la legitimidad del estudio de las

relaciones entre ciencia y sociedad.

El desarrollo de las ciencias sociales en el siglo XX ha dado lugar a una verdadera explosión de teorías y literatura infinita, en una atmósfera de presiones culturales, históricas y políticas. Así, desde la perspectiva de los núcleos problemáticos en

las ciencias sociales, se reconocen hoy básicamente tres problemas, que nos limitamos

tan sólo a enunciar. Primero, el problema del reduccionismo planteado desde la

absolutización de alguno de los diversos ejes epistemológicos de las ciencias sociales,

bien sea el eje de la ciencia rigurosa, o el de la biología o el eje de la cultura y la historia,

cada uno tratando de exclusivizarse generando una confusión. Segundo, el problema

de denominación y clasificación de estas ciencias, el cual se mantiene en la medida en

que estas ciencias (¿o disciplinas?) busquen su autonomía y logren su auto comprensión. En ese sentido por ejemplo, Jean Piaget no acepta distinguir entre ciencias sociales y ciencias humanas, dado que todos los caracteres del hombre se ponen en

juego en los fenómenos sociales. Y finalmente, el problema del sentido, como el problema, categoría y preocupación fundamental de las ciencias sociales, el cual va desde

el dualismo entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, pasando por el

objetivismo en las ciencias sociales, hasta la confrontación entre la teoría analítica de

la ciencia, de adecuación externa a los objetos y la teoría dialéctica, de auto implicación dialéctica y hermenéutica del sujeto en el objeto.1

El siglo XX ha rebasado la concepción determinista clásica de las ciencias

naturales propia del siglo XVII, fundada en la exactitud y en la precisión predictiva.

Se ha impuesto un enfoque probabilista y relativista que reconoce en las ciencias

naturales la inexactitud, la imprecisión, el indeterminismo, la incertidumbre, la

1 SIERRA, F. Transformaciones epistemológicas, 2000, p. 82-92.

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ambigüedad misma de los fenómenos naturales. En la actualidad prevalece el

postulado de la complementariedad entre ciencias naturales y ciencias sociales y

humanas, es decir, se va considerando aceptada la aportación de la historia y la

sociología de la ciencia para la reconstrucción racional de las teorías científicas.

Esta nueva concepción de las ciencias naturales es mucho más cercana a la

auto percepción actual de las ciencias sociales y humanas, cuyos distintivos son, por

una parte, involucrar la teoría al sentido de la acción o acontecimiento que se

quiere comprender o interpretar. El sentido interpretado es el que constituye el

hecho humano y el lenguaje de la interpretación es necesariamente ambiguo y

equívoco pues en cada situación sus términos y categorías se refieren a casos,

eventos, e individuos particulares distintos; por otra, el investigador social se caracteriza por producir sentido global sobre sentidos ya producidos. Su objeto de

estudio es de antemano un mundo de sentido previo organizado y seleccionado por

seres humanos que viven, actúan y piensan cotidianamente dentro de él. Las construcciones del investigador social son conceptos de segundo orden, como meta

sentidos que elabora a partir de la indagación de los principios o categorías de

primer orden implícitos en las experiencias cotidianas de la gente en su acción

individual y grupal, identificando sus motivos y fines en función de su situación

biográfica concreta y evaluando su unicidad y su tipicidad.2

Desde la perspectiva adoptada por Nicolescu (2001), a partir de la revolución

cuántica, entró en cuestionamiento el dogma filosófico de existencia de un único nivel de

realidad. Por consiguiente, la realidad no es sólo fruto de una construcción social o el

consenso de una colectividad, implica también dimensiones trans-subjetivas. Quiere esto

decir, que la realidad se manifiesta bajo diferentes niveles de complejidad que es preciso

asumir e integrar. De manera particular, la complejidad aparece tanto en las ciencias

exactas como en las ciencias humanas, alcanzando el crecimiento contemporáneo de

todos los saberes, como el que vivimos con la revolución informática.

Esta situación de creciente complejidad en el conocimiento ha llevado a la necesidad indispensable de crear vínculos entre las diferentes disciplinas, los cuales, a partir

de la segunda mitad del siglo XX, se han traducido en articulaciones, pluri, inter, o

transdisciplinares. “La pluridisciplinariedad se refiere al estudio de un objeto de una

misma y única disciplina por varias disciplinas al mismo tiempo. La interdisciplinariedad, dice respecto a la transferencia de métodos de una disciplina para otra. La transdisciplinariedad, refiere a aquello que está, al mismo tiempo, entre las disciplinas,

a través de las diferentes disciplinas y más allá de las disciplinas. Su objetivo es la comp

rensión del mundo presente.” (NICOLESCU, 2001, p. 50-51).

2 FLÓREZ OCHOA, Rafael. Hacia una pedagogía del conocimiento. Bogotá: McGraw Hill, 1999. p. XXXIXXXII-XXXIII.

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Nicolescu subraya, por su parte, el carácter complementario de todos estos abordajes, tanto el disciplinar, como el pluri, inter o el transdisciplinar. “Son las cuatro

flechas de un único y mismo arco del conocimiento.” (NICOLESCU, 2001, p. 53).

Ya en el contexto latinoamericano, el enfoque más reconocido últimamente

es el que asume el desafío de “impensar”3

 las ciencias sociales desde nuevos mapas

cognitivos dentro del marco de geopolíticas del conocimiento. Es decir, es preciso

corregir radicalmente muchos de los supuestos ideológicos que todavía fundamentan la auto comprensión de estas ciencias. Antes que repensar las ciencias sociales lo

que se necesita es “impensar” sus propios paradigmas. Esto implica rebasar los paradigmas disciplinarios de la modernidad y asumir nuevos retos teóricos y prácticos

en el contexto latinoamericano. Por ello, a la hora de considerar la reestructuración

de las ciencias sociales en nuestro medio es preciso tener en cuenta algunas cuestiones de carácter epistemológico.4

La nueva geopolítica del conocimiento asume que aunque los estados nacionales y las sociedades territoriales continúen existiendo y funcionando como un

referente importante de la vida pública, ellos han dejado de ser el “lugar de la

hegemonía” política y cultural. “Lo que a comienzos del siglo XXI se impone, como fuerza avasalladora que configura lo social, es un conjunto de relaciones posnacionales y postradicionales que han sido potenciadas por el despliegue de las nuevas

tecnologías de la información”,5

 conformando lo que se ha dado en llamar la

‘sociedad global’.

La sociedad de consumo del capitalismo neoliberal posindustrial configura

sus necesidades en torno no al valor de uso, sino al valor-signo, es decir, al cómo

apropiarse de una imagen que permita al individuo diferenciarse socialmente. Ese

nuevo esquema de relaciones entre economía y cultura tiene profundas implicaciones en la teoría y práctica de las ciencias sociales. Algunas de ellas son el carácter

central adquirido por la imagen reproducida, comercializada y consumida en forma mecánica o electrónica. La imagen se ha constituido en la unidad semántica y

técnica de los medios masivos modernos y se encuentra en el corazón de la cultura

popular de la posguerra. Se trata de un cambio en la estructuración del mundo

social mediado por la revolución informática y la globalización del capital. “La

3 Expresión del filósofo social norteamericano IMMANUEL WALLERSTEIN en: Abrir las Ciencias Sociales:

Informe de la Comisión Gulbenkian para la Reestructuración de las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI, 1998,

en: CASTRO GOMEZ, Santiago. La reestructuración de las ciencias sociales en América Latina. CEJA-PENSAR,

Universidad Javeriana. Bogotá, junio 2000, p. XXVI ss. Esa expresión hace referencia directa a ‘reestructuración’

de las ciencias sociales.

4 CASTRO GOMEZ, Santiago. La reestructuración de las ciencias sociales en América Latina. CEJA-PENSAR,

Universidad Javeriana. Bogotá, junio 2000, p. XXI ss.

5 Ibid., o.c., p. XXII.

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cultura se ha desterritorializado; ha dejado de ser un conjunto de valores ligados a

una geografía, una nación o una estructura social tradicional, para convertirse en

algo que se produce y se mercantiliza.”6

 De ahí que, como lo sugiere Wallerstein

(1998), las ciencias sociales necesiten corregir radicalmente muchos de los supuestos ideológicos que todavía fundamentan su auto-comprensión.

Desde mediados del siglo XX la nueva complejidad de la realidad social hace

que las fronteras decimonónicas empiecen a debilitarse. El surgimiento de nuevos

campos disciplinarios, como la semiótica y las ciencias de la comunicación, fueron

ayudando a cuestionar seriamente esa hegemonía. La exigencia cada vez mayor por

una redefinición de la “cientificidad” de las ciencias sociales obligó a una transformación de sus cánones tradicionales.

Sobre este particular Martín-Barbero observa que “lo que las ciencias sociales

no pueden ignorar es que los nuevos modos de simbolización y ritualización del

lazo social se hallan cada día más entrelazados a las redes comunicacionales y a los

flujos informacionales”. (MARTÍN-BARBERO, 2000, p. 30).

En esa perspectiva se plantea un imperativo de transdisciplinariedad para las

ciencias sociales, que las lleve a superar su departamentalización y privatización.

Surgen en Europa, Estados Unidos y América Latina los ‘estudios culturales’ como

nuevo espacio de encuentro entre las disciplinas. Ahora la cultura es vista como un

“campo de batalla” (WALLERSTEIN, 1998), como un proceso de negociación del

poder social. Nadie “tiene” ni “recibe” cultura, ni se humaniza a través de ella, porque ésta es un intercambio (no consensuado) de signos mediante el cual los actores

sociales ‘negocian’ su identidad con los poderes hegemónicos.7

Sobre la cuestión se pronuncia Morin (1999) cuando dice que se hace necesario trabajar en la implementación de políticas del conocimiento que flexibilicen las

prácticas académicas. Para que un conocimiento sea pertinente debe evidenciar: el

contexto – lo global – lo multidimensional – lo complejo.

Existe un problema capital que siempre se ha desconocido. La necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales

para inscribir allí los conocimientos parciales y locales. La supremacía de un conocimiento fragmentado según las disciplinas impide a menudo establecer el vínculo

entre las partes y el todo y debe dar lugar a un modo de conocimiento capaz de

aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades y sus conjuntos. Es

necesario desarrollar la aptitud natural del espíritu humano para ubicar todas sus

informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos

que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las

partes y el todo en un mundo complejo. (MORIN, 1999, p. 12).

6 Ibid., o.c., p. XXVI.

7 Ibid., o.c., p. XXXV.

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También en contexto latinoamericano, Boaventura de Sousa Santos (2000,

2003), enmarca la cuestión dentro de un nuevo orden científico emergente, en la

confluencia de lo que él llama el paradigma de un conocimiento prudente para una

vida decente.

8 En esa dirección, se trata de dirigir la mirada hacia un conocimiento

que supere las distinciones dicotómicas, hasta hace poco consideradas insustituibles y de separación, principalmente entre ciencias naturales/ciencias sociales, para

converger en una tradición filosófica compleja, más fenomenológica, interaccionista, mito-simbólica, hermenéutica, existencialista, pragmática.9

 Según Santos,

ese nuevo orden está siendo caracterizado, en el conocimiento contemporáneo,

entre otras marcas, por una revalorización de las ciencias sociales y una profunda

transformación de su concepción humanística. Colocando a la persona, en cuanto

autor y sujeto del mundo, en el centro del conocimiento, en una lógica de ‘situación

comunicativa’, de confluencias y constelaciones de sentidos, pero también construyendo un conocimiento ecosistémico, que tiene como horizonte la totalidad

universal, sin ser determinístico, siendo igualmente local, sin ser descriptivista.

En el paradigma emergente de conocimiento posmoderno, se trata de “un conocimiento sobre las condiciones de posibilidad. Las condiciones de posibilidad de la

acción humana proyectada en el mundo a partir de un espacio-tiempo local. Un

conocimiento de este tipo es relativamente inmetódico, se constituye a partir de una

pluralidad metodológica. Cada método es un lenguaje y la realidad responde en la

lengua en que es preguntada.” (SANTOS, 2003, p. 77).10 Además de eso, en la

dinámica posmoderna del conocimiento se intenta dialogar con aquellas formas de

conocimiento dejadas de lado por la ciencia moderna, como el vulgar y práctico

conocimiento del sentido común, con el cual orientamos en nuestra cotidianidad

nuestras acciones y le damos sentido a nuestras vidas.

Así, la ciencia posmoderna para Santos, en fase de transición paradigmática,

no rompe con el sentido común, no se distancia de el, sino al contrario, quiere

redundar en él, reconocer en él una fuerza de conocimiento con algunas virtualidades para enriquecer nuestra relación con el mundo, quiere explorar su dimensión utópica y liberadora, quiere, así como él, ser retórico y metafórico, no enseñar,

sino persuadir, quiere captar la profundidad horizontal de las relaciones conscientes entre personas y entre personas y cosas.11

8 Ibid., 2003, p. 60.

9 Ibid., 2003, p. 68.

10 La traducción es nuestra, lo mismo que la itálica.

11 SILVEIRA, F. L. de. 2000. Margens da Reflexividade. In: Verso & Reverso. Ano XIV, Nº 51, jul./dez. Unisinos,

São Leopoldo, RS., p. 14.

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De esa manera la invitación de Santos es a invertir la ruptura epistemológica de

la ciencia moderna, simbolizada en el salto del conocimiento del sentido común

para el conocimiento científico, haciendo más bien un acto de ruptura con esa

ruptura, y dando ahora el salto del conocimiento científico para el conocimiento

del sentido común. Resumiendo así esta nueva dinámica epistemológica en “lo que

se pretende es un nuevo sentido común con más sentido, aunque menos común.”

(SANTOS, 2000, p. 150).

A grandes rasgos, esta puede ser la antesala que nos permite adentrarnos en

una reflexión más aplicada sobre el saber de la comunicación.

DIMENSIÓN EPISTEMOLÓGICA DEL SABER DE LA COMUNICACIÓN

Las llamadas ciencias de la comunicación son todavía un campo del saber en

construcción, a pesar de los años y esfuerzos para constituirse como campo de

estudio, afinar sus metodologías de investigación, establecer sus paradigmas teóricos y sus métodos pedagógicos para procesos educativos de nivel superior. Según el

investigador y analista mexicano Raúl Fuentes Navarro (1997), la comunicación

debe su impulso históricamente a la necesidad de explicar los fenómenos sociales

provocados por el desarrollo de los llamados medios masivos, en cuya evolución la

tecnología representa un factor determinante. Dicho proceso ha sido mucho más

rápido y extenso que otros avances socioculturales de nuestro siglo.12

Tanto R. Fuentes Navarro como E. Sánchez Ruiz caracterizan en estos

términos la comunicación y sus retos fundamentales: “uno es reconocer, y asumir

como reto, que no tenemos, ni hemos tenido, un campo disciplinar propio, sino un

dominio de estudio, más o menos común, alrededor del cual se ha conformado

nuestro campo sociocultural. Y dos, que este dominio ha sido, es y quizá tendrá que

seguir siendo una encrucijada inter y transdisciplinaria, dentro de las ciencias

sociales y humanidades, lo que hace el reto aún mayor, en la medida en que exige de

cada uno – dependiendo de los objetos más específicos de investigación – el

desarrollo de un amplio espectro de capacidades teóricas y metodológicas”.13

12 FUENTES NAVARRO, R.. Diseño curricular para las escuelas de comunicación. Trillas, México, 1991, p. 9.

Puede verse también de este autor: Campo académico de la comunicación. Desafíos para la construcción del futuro.

En: Rev. Signo y Pensamiento, N° 31 (1997), Bogotá: Universidad Javeriana, p. 41-50.

13 FUENTES NAVARRO, Raúl. “Retos disciplinarios y posdisciplinarios para la investigación de la comunicación.

En: Revista Comunicación y Sociedad, N° 31, septiembre-diciembre 1997, DECS, Universidad de Guadalajara,

México, p. 215-241.

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El estudio de la comunicación presenta una dificultad que Piaget llamaba

“dualidad epistemológica”: el sujeto humano interviene como investigador de

fenómenos en los cuales es también actor. De ahí la necesidad de distinguir entre

dos planos: Uno, el carácter “esencial” de la comunicación, que remite a la acción

de ‘poner en común’, la acción de compartir: la interacción por la cual los actores

participan en la construcción de un “consaber” que establece entre ellos una

relación de comunidad y los identifica como entes convivientes. La comunicación

es entonces, como dice Pasquali, “elemento constitutivo y no superestructural de lo

social”. Y dos, el carácter “instrumental” de la comunicación, determinado por el

‘poner en común’ mediante las operaciones técnicas y tecnológicas de transmisión

y circulación de la información y donde comunicar es la acción destinada a influir,

a determinar la conducta de los otros, la habilidad para operar sobre mensajes

transmitidos, los medios para hacerlo y la situación del receptor, donde se coloca a

los sujetos en relación de causalidad.14

Desde la óptica de la sociología de la ciencia, María Immacolata Vassallo

(1999), nos indica que las condiciones de producción de una ciencia se resumen en

tres grandes contextos: el contexto discursivo, en el que se identifican paradigmas,

modelos, instrumentos, temáticas que circulan en determinado campo científico,

se trata propiamente de la historia del campo científico; el contexto institucional,

que abarca los mecanismos organizativos de distribución de recursos y de poder

dentro de una comunidad científica; el contexto social o histórico-cultural, donde

están las variables sociológicas que inciden sobre la producción científica dentro de

un país o en el ámbito internacional.

A partir de allí se derivan algunas preocupaciones de orden epistemológico, que

bien vale la pena retomar, planteadas por Bruno Ollivier (2000) en su estudio Observar

la comunicación – Nacimiento de una inter disciplina. La primera preocupación epistemológica se refiere a la tendencia existente a ampliar el campo de la comunicación a

todos los fenómenos humanos, a emplear los mismos conceptos tanto en las ciencias

exactas como en las ciencias humanas. En ese sentido se plantea la pregunta ¿qué tipo de

coherencia puede proporcionar una inter disciplina que está en vías de formación? ¿Sobre qué conceptos se apoya? ¿De qué puede hablar y de qué quiere hablar?. La segunda

preocupación, plantea ¿de dónde han surgido los conceptos que maneja la comunicación como base teórica? ¿Cómo se asumen y modifican a partir de la comunicación?

¿A qué se pueden aplicar?. Una tercera preocupación, más de orden práctico, se pregunta por lo que pueden implicar la observación y la investigación en las ciencias de la

comunicación. Si se analizan diversos campos, objetos, prácticas, situaciones, ¿qué

significa observar diferentes circunstancias desde el punto de vista de la comunicación?

14 Ibid., o. c., p. 14.

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90 Gutiérrez, Luiz Ignácio Sierra. Una aproximación trans e interdisciplinaria ...

Ollivier denuncia, a ese propósito, la existencia y el uso de una serie de conceptos

predeterminados (fast thinking) que dan la doble ilusión de explicar los fenómenos y de

hacerlo desde el punto de vista de la comunicación. Son conceptos reduccionistas que

en nada benefician a la comunicación. Se impone entonces un trabajo de ‘control aduanero’ epistemológico, para determinar y reflexionar críticamente el origen de ciertos

conceptos migratorios provenientes de disciplinas cercanas (lingüística, semiología,

sociología, política, semiótica), que se emplean en la observación de situaciones de comunicación y verificar su validez dentro del campo de los estudios de comunicación.

Pero claro está, dentro de la convicción de que no existen conceptos científicos puros, ni

existe una teoría única global de la comunicación.

Desde la perspectiva de Ollivier, un objeto no existe en sí mismo para un

investigador en ciencias humanas. En tal sentido, un punto de vista epistemológico

no es algo dado, sino una construcción, en el doble sentido de objeto construido y del

acto de construir. Un punto de vista se construye en el tiempo, al igual que el sujeto

que investiga. Tanto objeto como investigador son producto de una temporalidad y

de unos procesos. De ahí que un trabajo de reflexión epistemológica conlleve un

tomar distancia frente a presupuestos, técnicas, herramientas, métodos y objetos de

investigación, y un tener en cuenta el contexto y temporalidad en la cual se han

desarrollado ciertos conceptos.

Los estudios de comunicación, al apoyarse en trabajos de campo, se ven

abocados entonces a un doble riesgo: El primero consiste en confundir la existencia de un campo de observación (la comunicación política, el sistema educativo, la empresa…) con el de una problemática científica. Ello se da cuando se

aplican paradigmas de orígenes diversos a un campo social e ipso facto se supone

que esta utilización de ciencias y discursos aplicados a un objeto único basta para

proporcionar una problemática científica nueva. Si así se concibieran las Ciencias de la Información y la Comunicación, no serían sino la aplicación de paradigmas sacados de otra parte y aplicados a los fenómenos y objetos de la comunicación (la prensa, la televisión o el multimedia educativo…). El segundo consiste en abordar un campo de observación, un objeto, una práctica, una institución, un proceso que se quiera estudiar desde el punto de vista de la comunicación, con la ayuda de una serie de preguntas ‘prefabricadas’. No se pueden

abordar los objetos o campos de observación a partir de marcos explicativos de

carácter axiomático, según esquemas simplistas.

Por eso, si el cuestionamiento de las ciencias de la comunicación quiere tener

alguna validez en el abordaje de todos los campos de la actividad social, debe

apoyarse en una problemática rica inter y trans disciplinaria, sin pretender explicarlo todo por una teoría generalista y simplificadora. Al fin y al cabo, como dice

D. Wolton “la cultura, la política, la educación, la salud, el trabajo…, no se agotan

en la comunicación, ni se resumen, ni se fundan en ella. Siempre existe un antes y

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un después de la comunicación sobre el cual se puede reflexionar para reequilibrar

la relación de fuerza con la comunicación”.15

Las ciencias de la comunicación se desarrollan entonces en medio de una

doble paradoja: De un lado, si toda actividad humana tiene algo que ver con la

comunicación, sin embargo la comunicación no debe diluirse conceptualmente

hasta el punto de perder toda consistencia y pertinencia explicándolo todo, sin

importar el cómo. Del otro, si bien el estudio de la comunicación se apoya en

discursos bien constituidos de ciencias como la lingüística, la semiótica, la sociología, el psicoanálisis, sin embargo, ella no consiste simplemente en un agregado de

discursos, ni en la hegemonía de un solo paradigma sobre los demás. Si bien la

comunicación se despliega en el universo de lo social, se realiza fundamentalmente

en la relación intersubjetiva. De ahí que si las ciencias de la comunicación tienen

algo que decir, lo hacen dando cuenta de las actividades que permiten, a distintos

niveles, tanto en una relación intersubjetiva como en los procesos mediatizados o

mediáticos, estar en relación con el otro.

Las ciencias de la comunicación nacen en la confluencia histórica de varias

prácticas científicas, en donde las migraciones conceptuales dan lugar a muchas

simplificaciones y contrasentidos. Interesa mucho entonces examinar las nociones

de emisor, receptor, signo, lector, mensaje, transmisión, etc., y medir su adecuación

en el campo de la comunicación. Las migraciones conceptuales de un campo a otro

provocan hibridaciones, mestizajes, emergencia de nuevas perspectivas y desplazamientos en los puntos de vista. Las identidades y territorios se van constituyendo a

través de la comunicación y los procesos de construcción de sentido que comprometen la producción y lectura de mensajes. Los solos conceptos de emisor, receptor, contenido y mensaje resultan insuficientes para dar cuenta de procesos que son

mucho más complejos, movidos por lógicas diferentes, que van de lo afectivo a lo

político, de lo psicológico a lo social, de lo lingüístico a lo mediático. Se requiere

nuevos conceptos tales como mediación e intermediación, entendidos como creación de legitimidad, de verdad, en los procesos de comunicación que implican los

medios o las instituciones y organizaciones. Y, aún así, se impone un cierto control

epistemológico sobre el manejo de estos nuevos conceptos articuladores, para analizar si ellos permiten observar terrenos de una manera nueva y coherente, y comprender cómo se constituyen los nuevos territorios comunicativos.

La unidad de las Ciencias de la Información y de la Comunicación reposa

sobre el hecho que ellas describen, analizan, interpretan, con la ayuda de

herramientas de las distintas ciencias humanas, procesos identificables en todos los

campos de la actividad humana, y son estos procesos los que fundamentan su

15 Citado por OLLIVIER, B., o. c., 2000, p. 16.

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92 Gutiérrez, Luiz Ignácio Sierra. Una aproximación trans e interdisciplinaria ...

identidad epistemológica.16 Por eso, lo propio de las Ciencias de la Información y

de la Comunicación es constituir procesos (de comunicación, mediación, industrialización de la cultura, expresión, transmisión de información…) en objetos de investigación Y puesto que se trata de fenómenos sociales, allí se ven implicadas lógicas diversas que intervienen sobre diferentes planos y distintos enfoques, para dar

cuenta de la complejidad de situaciones y procesos en juego.17

La comunicación se perfila entonces como el espacio articulador desde el

cual se puede comprender e interpretar la cultura con una mirada a múltiples niveles (producción, circulación, recepción, usos) y en multiplicidad de perspectivas

(social, cultural, política, estética, ideológica, etc.).

Siguiendo la misma orientación, J. L. Braga (2004), considera que la formación del campo de la comunicación depende más del trabajo de investigación

que de definiciones abstractas sobre su objeto científico. En cuanto es considerado

el campo de la comunicación como un campo ‘en construcción’, dentro de él se

desenvuelven tendencias variadas de investigación empírica, a partir de constructos

explicativos del propio campo, no por decisiones lógico-teóricas. Concuerda Braga

con Ollivier, cuando sostiene que en el momento actual lo que menos interesa es

definir cuál es el objeto del campo, y sí más bien, buscar problemas y asuntos que

resulten relevantes para el campo, con lo cual el interés debe centrarse en buscar lo

que hay ‘de propiamente comunicacional’ en tales asuntos o problemas.

Braga asume que existiría un núcleo básico de aceptación más generalizada

para los estudios de comunicación, relativamente consensual en torno de los estudios sobre los medios y sus procesos, aunque reconoce la resistencia a considerarlos

exclusivos. Esto quiere decir, que también son pertinentes para el campo de la

comunicación los espacios que involucran la interacción social como ángulo principal. El autor llama la atención sobre aquellas zonas de vocación inter o trans

disciplinar – zonas de interfase –, ‘de indefinición’, de naturaleza problemática, en las

cuales se pernean cuestiones comunicacionales (fenómenos sociales que involucran

prácticas, orígenes y objetos diferenciados, que desenvuelven procesos interactivos

comunicacional en la sociedad) y considera de modo particular que la construcción

del campo de la comunicación también puede partir de esos espacios ‘de indefinición’, de las áreas en que los estudios de comunicación comparten objetos de

interfase, o compiten por ellos. (BRAGA, 2004, p. 6).

Lo anterior implica un trabajo de ‘desentrañamiento’ y elaboración del objeto

comunicacional subyacente en otras perspectivas problemáticas. En tal sentido, el

campo de la comunicación es efectivamente un ámbito de interfases, dado que la

16 OLLIVIER, B., o. c., 2000, p. 25.

17 Ibid., o. c., p. 26.

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procesualidad comunicacional se realiza en la sociedad por procesos de inclusividad y

penetrabilidad. (BRAGA, 2004, p. 12). Se trata de un trabajo sobre las interfases como

áreas de tensión, que demandan una atenta percepción de las mutuas incidencias entre el

campo de la comunicación y los demás campos sociales u otros conocimientos. En el

fondo se trata de un ejercicio de aguda percepción y articulación crítica, conservando a

la vez la complejidad del objeto y la comprensión comunicacional.

La comunicación, como sostiene Muníz Sodré (2002), cubre un amplio espectro

de acciones y prácticas, que van desde las vehiculadas por dispositivos mediáticos o de

mediatización, pasando por las prácticas socioculturales de reciprocidad y vinculación

socio-comunicacional entre los individuos, hasta las prácticas teóricas de sistematización e interfase del saber comunicacional. En este último sentido, Sodré ve la comunicación como ‘indisciplinar’, “porque su recorrido cognitivo es del orden de la radicalidad del ‘trans’, o sea, de un campo de relaciones hipertextuales o de interfases entre

los “seres de espíritu” – las entidades virtualizadas del ‘bios mediático’ y los variados

recortes del mundo real-histórico.” (SODRÉ, 2002, p. 235).

PERTINENCIA Y RELEVANCIA SOCIAL DEL CAMPO DE LA COMUNICACIÓN

La pertinencia del campo del saber de la comunicación se inscribe dentro de la

lógica de la comprensión propia de las ciencias humanas, la cual implica interpretar, es

decir leer procesos humanos y sociales que por estar dotados de sentido acceden y se

expresan en amplia riqueza del lenguaje, en los símbolos, en las imágenes, en la no

verbalidad. Y allí la abducción aristotélica juega un papel muy importante, por cuanto

es creación de ideas, es desarrollo de hipótesis, como otro tipo de razonamiento es

pensamiento libre, imaginativo, sensorial y creativo en donde la comprensión de quien

investiga se pone en juego en función del avance del conocimiento científico.

Hoy se va descubriendo el papel de la comunicación como instancia amalgamadora en la que confluyen las reflexiones sobre lo humano en todas sus dimensiones, y simultáneamente como un aspecto necesario que las enriquece y les da

luces. Diríamos que la comunicación parte del mundo y vuelve a él. Son las acciones de la persona sobre el mundo – desde lo físico, lo psicológico, lo artístico, lo

tecnológico, lo económico, lo político, lo trascendente – las que nutren la comunicación, y son, a su vez, los procesos de comunicación los que recogen, develan y

ponen en circulación perspectivas y posibilidades de comprensión del hombre en

todas sus dimensiones. La comunicación es atravesada por todos los órdenes de lo

humano, y también ella los atraviesa. Esto supone asumir el doble papel de la mediación: las mediaciones que hacen comunicación y la comunicación como mediación en la construcción cultural.

94 Gutiérrez, Luiz Ignácio Sierra. Una aproximación trans e interdisciplinaria ...

Como campo transdisciplinar, la comunicación hoy se ha vuelto ‘tutelar’,

como “punto de ruptura de las disciplinas”, lo que “nombra hoy a la vez uno de los

más fértiles territorios de la investigación social y el espacio social más denso de

ensoñaciones y pesadillas a las que la propia investigación no puede sacarles el

cuerpo”. (MARTÍN-BARBERO, 1998, p. 20).

Se asume aquí como un campo privilegiado del mundo contemporáneo que

atraviesa y es atravesado por las múltiples dimensiones de la sociedad. Esta afirmación tiene tres implicaciones centrales: primera, la enorme responsabilidad social

que implica su condición de mediación cultural que afecta a la humanidad en su

conjunto, que incide en las formas de organización social y que altera las prácticas

cotidianas; segunda, su riqueza transversal por su propensión a operar articulaciones entre diferentes campos; y tercera, por ello mismo, su capacidad de integrar

problemáticas provenientes de diversos ámbitos.

Su relevancia social viene dada como un modo peculiar de interacción mediadora y mediada entre sujetos – agentes sociales, la comunicación presupone que

los procesos de interacción son significativos y que comprometen el ámbito de la

vida cotidiana, a las dinámicas sociales y culturales, a la esfera pública, a las sensibilidades y a las identidades colectivas. Resulta claro de esta manera que la comunicación no se agota ni se reduce a los medios, instrumentos o tecnologías. Por el

contrario, los estudios de comunicación ponen el énfasis en los procesos de producción, intercambio y negociación de significados en el seno de la vida social, lo

cual implica que la sociedad, como tejido y como red de relaciones, en su base, sus

estructuras y sus dinámicas, se sustenta en esos intercambios comunicativos que

son significativos dentro de contextos culturales específicos.

Por ello, la relevancia social de la comunicación está estrechamente ligada

con los campos de actividad profesional del comunicador social, campos que se

han ido ampliando precisamente porque se ha hecho más urgente y necesaria su

intervención en tan variados ámbitos como la educación formal e informal, la

prevención de enfermedades y el mantenimiento de la salud, los programas de

desarrollo económico, los de promoción regional y local urbanos y rurales, el trabajo y la administración, las acciones ecológicas, los procesos políticos, las prácticas

religiosas, los movimientos de grupos, las manifestaciones artísticas y culturales...

Pero no solamente se han ampliado los campos y se han quebrado las fronteras de

los ya legitimados socialmente – como el periodismo y la publicidad – sino que,

más significativamente, se están trastocando las formas tradicionales del ejercicio

profesional del comunicador debido a las rápidas transformaciones tecnológicas, a

sus regulaciones y desregulaciones, y a las nuevas y variadas formas de relación

social que estas mismas transformaciones generan.

Los diversos ámbitos de intervención social de la comunicación están cada

vez más anudados al trabajo desde organizaciones particulares ya sea a través de

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instituciones del Estado, ONGs, grupos locales o entidades empresariales, nacionales y multinacionales. La participación de la comunicación en la realización de

proyectos integrales es hoy uno de los mayores retos que se les presentan a los

profesionales. Ya no se trata de incluir acciones de divulgación para dar a conocer

las diversas propuestas, sino la necesidad urgente de incorporar el componente comunicativo como parte integral y constitutiva en el desarrollo de acciones para la

construcción social en sus diversos componentes.

Así también las organizaciones le plantean nuevos retos a la comunicación al

trascender sus usos para la divulgación, promoción y proyección de sus productos,

servicios y/o modelos corporativos, al descubrirla también necesaria en cuanto

configuradora de las relaciones de trabajo y, por ende, del desarrollo humano y

organizacional. Los diversos modelos administrativos hoy parecen estar atravesados

por prácticas comunicativas que posibilitan el reconocimiento del otro y de las

múltiples posibilidades de interacción.

Por su parte, la publicidad encuentra, en el marco de mercados cada vez más

competitivos y globalizados, que su campo se ha extendido por fuera de las

fronteras de los medios masivos. Los diversos sectores, tales como el financiero, el

hotelero, el farmacéutico y todos aquellos altamente especializados que antes no

requerían procesos amplios de difusión se ven en la necesidad de encontrar formas

innovadoras, creativas y éticas para darse a conocer, y de incorporar la publicidad a

sus actividades de servicio. Además, han ido apareciendo modelos publicitarios que

transgreden la lógica simple de atracción de clientes y consumidores, que con

innovadoras formas de representar el mundo desatan polémica y generan nuevas

maneras de interacción social. Los retos aquí son exigentes en cuanto también se

reconoce que la publicidad representa y a la vez contribuye a la configuración de

imaginarios y a los cambios de mirada sobre lo humano y la sociedad.

Los medios audiovisuales son hoy un componente básico de la cultura por su

multiplicidad de posibilidades y por su creciente mercantilización.18 Sin duda, la amplitud de la comunicación audiovisual, ya no limitada a unos cuantos canales de

televisión y a una producción cinematográfica, centrada en los monopolios de las

grandes productoras, ha cedido el paso a una constelación de formas que integran

multiplicidad de formatos a través de la pantalla de televisión: ediciones en vídeo para

compra o alquiler, televisión codificada por ondas, televisión por satélite y por cable,

televisión a la carta cuyas fronteras se confunden con bancos de películas. Así, sus

lógicas de producción tienden hacia el establecimiento de grandes bloques de programación homogeneizados por cadenas, hacia la especialización temática de canales,

18 Ver Revista Diálogos de la Comunicación, N° 31, 35, 39, que recogen los cambios en los medios y en la

comunicación pública.

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hacia la fragmentación de programas, hacia la mezcla de géneros hasta el punto de

intercambiar estrategias informativas con las del espectáculo y la persuasión.

El sistema radiofónico se ha visto desafiado por la producción audiovisual;

sin embargo, su condición de instantaneidad, la facilidad de transmisión, la cobertura de receptores en toda la población y su condición sonora que da un lugar

especial a la programación musical hace de este medio uno de los de mayor audiencia, con mayor razón en culturas centradas en la oralidad como es el caso colombiano. Si bien es cierto que la programación comercial cada vez está más controlada

por los grandes consorcios económicos, la ampliación de frecuencias y la aparición

de radios comunitarias y de radios escolares, entre otras, han abierto nuevos caminos a la producción radial que requiere nuevos y creativos lenguajes y formas de

interpelación con los diferentes tipos de público.

Podríamos, entonces, pensar que la lectura es una práctica obsoleta y, sin

embargo, lo que se ha demostrado en esta última década es que la publicación de

libros y revistas no sólo se ha incrementado mediante formatos impresos, sino más

aún a través de formatos en CD-ROM, multimedia o a través de las variadas redes

satelitales.19 El campo de la producción editorial se ha desplazado de la mera

escritura y diagramación a convertirse en la realización de proyectos editoriales que

conjugan los aspectos textuales y gráficos con las estrategias de lectura sobre papel o

las que corresponden a modelos interactivos a través de la pantalla que exigen la

comprensión y producción de procesos de comunicación.

Como respuesta a las posibilidades y requerimientos tecnológicos, los medios

de comunicación, y muy especialmente sus espacios informativos, han tenido que

modificar y adecuar sus formatos no sólo en términos de diseño gráfico o de los

nuevos requerimientos de las lógicas radiales y/o televisivas sino que se están incluyendo nuevas modalidades de soporte como son las redes nacionales e internacionales, los formatos multimedia y las suscripciones especializadas a información

previamente seleccionada vía cable, fax o redes privadas de datos. Parecería que en

todos los ámbitos prevalece la necesidad de reconocer las acciones comunicacionales imbricadas en la acción social, que no consiste en la realización de meros

productos, sino en una visión comprensiva de las prácticas comunicacionales, como creación de proyectos que de una u otra manera contribuyan a la gestión cultural de comunidades específicas.

Cubre entonces una amplia variedad de procesos complejos de representaciones e interpretaciones de mundo en construcción, que mediante las diversas

modalidades de expresión e interacción humana inciden de múltiples maneras en

la conformación social y cultural de las comunidades humanas. Esto supone, pri19 Ver Informe de CERLAC sobre la producción y consumo de lecturas, 1995.

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mero, reconocer que la comunicación no puede concebirse por fuera de procesos

sociales y culturales y que por ello requiere el concurso de las ciencias humanas y

sociales, pero no de manera independiente sino en tanto que éstas iluminan y son

iluminadas por los mismos procesos y acciones comunicacionales; segundo, comprender los procesos complejos de construcción, circulación y recepción de mensajes y la manera como éstos se han ido formalizando en diferentes momentos y

lugares; y tercero, conocer y desarrollar las diversas modalidades de expresión humana que alcanzan nuevas dimensiones y otras extensiones con los desarrollos tecnológicos y que ponen en evidencia la sensibilidad y creatividad del ser humano.

EN LA ARENA DE LOS DEBATES ACTUALES

Los desplazamientos en el ámbito teórico y metodológico revelan en los

últimos años una fuerte paradoja: mientras se da un indudable encuentro de propuestas epistemológicas y de debates metodológicos desde las ciencias sociales, paradójicamente, en el terreno de los problemas y demandas sociales hay un gran

desencuentro.

Desde las ciencias sociales se desconoce la importancia política y cultural de

los procesos y medios de comunicación, mientras en el espacio académico de los

estudios de comunicación hay un generalizado desconocimiento del espesor social

y político de la comunicación. (MARTÍN-BARBERO, 2000, p. 257). Dentro de

ese contexto, las agendas actuales de investigación en comunicación, según MartínBarbero, atraviesan un doble movimiento: de un lado, emergen nuevas problemáticas, que responden a nuevos espacios y nuevas figuras profesionales, a la vez que se

abren nuevos ámbitos de problemas al conocimiento: la comunicación educativa,

la comunicación organizacional, la gestión cultural, el análisis de redes informáticas, etc. ; de otro, se producen fuertes convergencias sobre algunas zonas de frontera donde se esbozan líneas claves, aunque en muchas facultades se tiende a confundir las áreas de desempeño profesional con líneas de investigación.

Esas líneas de mayor convergencia investigativa son: comunicación, cultura

urbana y nuevas identidades; cultura tecnológica, mundo audiovisual y sensibilidades juveniles; los medios en cuanto escenario de conflictos sociales; cambios en los

modos de la representación política; comunicación y nuevos actores sociales; retos

de la comunicación a la educación.

Desde la década de los noventa se ha venido mostrando cuáles pueden ser

consideradas como las últimas tendencias formativas e investigativas en comunicación. De un lado, el proceso de industrialización de los medios, tanto en su

dimensión económica como en su reconfiguración de relaciones entre lo público y

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lo privado, y del otro, los procesos de recepción y consumo, que implican rescatar

la creatividad de los sujetos, la complejidad de la vida cotidiana, el carácter interactivo y lúdico de la relación de los usuarios con los medios. En ese sentido, sigue

sosteniendo Martín Barbero, el fenómeno de los grupos económicos, propietarios

de medios, ha dado lugar a una tonalidad mediática nueva que genera preocupaciones investigativas sobre problemas como la concentración, la convergencia entre

política y economía o la independencia informativa. La discusión sobre la democratización se descentra entonces de la cuestión de la propiedad hacia las relaciones

de la ciudadanía con los medios, la imaginación de las agendas, los entrabamientos

entre lógicas corporativas, gobernabilidad y participación social. (MARTÍN-BARBERO, 2000, p. 251). La investi-gación ha dejado de ser un recurso académico y

ha empezado a ser una necesidad comercial.

En ese sentido, hay una evidente necesidad de revisar las propias articulaciones universitarias del campo de la comunicación, en especial la creciente divergencia entre los avances de la investigación académica, minoritarios y limitados si

se quiere, pero críticos y abiertos a las “dimensiones sociales del fenómeno”. Por su

parte, el investigador mexicano García Canclini atribuye el escaso reconocimiento

y la baja competencia profesional en muchas de las áreas de la comunicación a la

ausencia de una formación rigurosa en investigación en ellas y propone “redefinir

los perfiles curriculares en función de las profesionalizaciones pertinentes”.20 La

investigación se revela como un elemento central para la articulación de los programas de formación profesional. Así mismo la búsqueda prioritaria de un marco de

interpretación que, por una parte, reintegre conceptual y metodológicamente la

diversidad política, cultural y existencial de los agentes de la comunicación, y por

otra, permita imaginar las dimensiones de la acción comunicativa en términos

constitutivos y no sólo instrumentales de las prácticas sociales.

El desafío central de la formación de profesionales de la comunicación, hoy

como antes, comienza a formularse a partir de la renovación de la comunicación

como proyecto social. El reto formulado hace ya una década, en palabras de Martín-Barbero, es el transformar los comunicadores, desde las escuelas universitarias,

de “interme-diarios” a “mediadores”. Es decir, hacer explícita la relación entre diferencia cultural y desigualdad social, ante la imposibilidad de pensarlas por separado

en nuestra sociedad. (MARTÍN-BARBERO, 2000).

A manera de conclusión, es entonces desde la intersección de los saberes con

sus objetos nómadas, la descentralización de los territorios de espacios globales a

virtuales, y las tecnicidades en sus nuevos regímenes de visualidad y descentramien20 FUENTES NAVARRO, R. La formación universitaria de profesionales de la comunicación y su renovación como

proyecto social. En: Revista Diálogos de la Comunicación. N° 59-60, Lima, octubre de 2000, p.15.

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to cultural, como es posible asistir a las transformaciones más recientes de las mediaciones comunicativas de la cultura.

Desde la perspectiva epistemológica, a las ciencias de la comunicación compete, en última instancia, observar los terrenos de la experiencia social de una

manera nueva y coherente, y comprender mejor cómo se constituyen los territorios. Porque explicando la emergencia, el funcionamiento y el poder de los discursos, de los medios, de los mediadores, la circulación del sentido, los territorios e

identidades, ellas pueden proporcionar claves de comprensión fundamentales en el

campo de las ciencias humanas

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